
Hinzpeter declaró que se cree que existe “una especie de empecinamiento en nuestro gobierno, o el ministerio de Interior, por perseguir estos episodios, quizá pretendiendo que el Gobierno los enmarcara en una versión distinta de lo que uno podría denominar protesta social. Es que cuando hay violencia, a mi juicio la protesta social se acaba, y surgen otras formas, a lo menos, de protesta vandálica”.
Para el gobierno las manifestaciones es igual a violencia. El año pasado hubo miles de manifestaciones a lo largo y ancho del país, protestas por el no cumplimiento de las promesas que hacen los políticos, en especial de parte del gobierno.
En nuestra zona el Estado es incapaz de comprender la necesidad de aplicar el convenio 169 que favorece a los pueblos originarios, y trata por todos los medios de imponer la asimilación del pueblo mapuche y no darle autonomía y no reconocerlos constitucionalmente.
En todas las manifestaciones del pueblo, la gente ha iniciado su participación en política, exigiendo ser tomada en cuenta, planteando soluciones presionando con huelgas, caceroleos, etc.
En las diferentes situaciones el gobierno ha actuado con inusitada violencia. En las comunidades mapuches allanan sin autorización de los jueces, arrojando bombas lacrimógenas, disparando sus escopetas, en busca de extremistas, violentistas, palabras que usan para castigar a todo aquel que exige sus derechos.
Este es un gobierno sólo de promesas, que impone sus términos, profundizando el lucro en la educación, en la salud, para obtener cuantiosas ganancias con los grandes proyectos mineros e hidroeléctricos que llevan adelante, sin importarles el medio ambiente, los intereses nacionales, ni el bienestar de las masas.
Hay un hilo demasiado delgado, para que unos provocadores en un dos por tres transformen una manifestación pacifica de protesta en desorden e inmediatamente las personas sean acusadas de terroristas. Hay evidencias de cómo carabineros infiltraba manifestaciones y de cómo la policía era incapaz de tomar presos a una minoría de personas que iniciaba la violencia en las marchas de estudiantes.
Con esta nueva ley el gobierno trata por todos los medios de imponer sus ideas, hacer creer que aquel que protesta por sus derechos, esta inmediatamente fuera de la ley y el orden. Sin embargo el pueblo esta dispuesto a hacer valer sus derechos, por educación, salud, trabajo digno, cambio del sistema binominal, nueva constitución y defensa del medio ambiente.
El pensar que fueron sólo los estudiantes los que estuvieron en la calle en 2011, es un gran error. Chile cambió y la represión no bastará. La gente quiere soluciones y no promesas, la ciudadanía quiere cambios reales.