
Hoy la actividad humana se lleva a cabo, sólo teniendo en cuenta la ganancia. Para esto aplican las nuevas tecnologías que permiten aumentar la capacidad para depredar la tierra, para someter todo a su arbitrio, sin tener en cuenta el futuro.
Esto ya ha ocurrido varias veces en la historia pasada, pero lamentablemente el hombre no aprende de sus experiencias. La civilización Nazca en Perú cometió el error de desforestar los bosques en la costa, permititiendo que la corriente del niño actuara sin problema en el valle de Ica. Esto influyo en la capacidad productiva del valle, llevando al colapso a la civilización Nazca. Hoy día el valle es un desierto.
En Isla de Pascua paso lo mismo, la deforestación de la isla termino con la producción agrícola, poniendo fin a una civilización y disminuyendo la población a poco más de un par de centenares.
Primero actuamos, sin meditar que provocara nuestra acción. Las decisiones las toman quienes nos gobiernan, sin preguntarnos nuestra opinión, ni tampoco la opinión de científicos que podrían ayudar.
Sólo se ve la ganancia, que supuestamente traerá determinado proyecto, cuantos puestos de trabajo, que muchas veces serán por un determinado tiempo y no serán permanentes.
Tenemos el caso en el norte del país, de “Pascua Lama” para explotar el oro que existe bajo un glaciar, esta obra gigantesca destruirá tres glaciares. Toro 1, Toro 2 y Esmeralda, que de tiempos inmemoriales abastecen el valle de agua, permiten una agricultura diversa y un clima benigno, que sostuvo a los pueblos originarios que vivieron allí. Hoy aún hay una gran producción de uva y otros productos. Los glaciares verán disminuido cada año el hielo y el que se acumula en invierno será menor. El valle se secará como el valle de Ica, se convertirá en desierto.
¿Vale la pena destruir un valle en pocos años, para dar trabajo a unos pocos? Hay cosas que el gobierno debiera cautelar, como la aplicación de mayores impuestos y por sobre todas las cosas hacia donde van las ganancias del oro extraído. La experiencia dice que al igual que ocurrió con la explotación del salitre, se levantaron pueblos, oficinas, pero hoy son pueblos fantasmas.
Si sabemos que esto pasará, porque no se toman las medidas para evitarlo, para proteger el valle, sus ríos, sus cultivos y principalmente a los asentamientos humanos.
Los glaciares que tienen una importancia estratégica en el abastecimiento de agua potable y de riego, para los valles agrícolas y pueblos. Hoy están afectados por el cambio climático y por la intervención de las grandes compañías como la “Barrick Gold”.
Los capitalistas cuando ven un bosque, inmediatamente piensan en las ganancias, en las pulgadas de madera que se puede obtener. A todo esto se le llama progreso, desarrollo, competividad, modernidad. Es una visión puramente capitalista.
Se critica a las personas que defienden el medio ambiente, como carentes de proyectos de desarrollo, gente que esta contra el progreso. Pero es una forma de desprestigiar a los que comprenden que con el actual sistema de explotación de la naturaleza, la vida esta en serio peligro.
En cuanto a la energía se privilegia las centrales hidroeléctricas y las turbo eléctricas y se da poca importancia a la eólica, térmica y a pequeñas centrales de paso. Las grandes compañías que controlan la producción eléctrica en el país son las que determinan que energía utilizar, como monopolio no desean la competencia, ya que controlan los precios.
Según la información de Observatorio Ciudadano, dice que:
“El lobby termoeléctrico posee poder y una amplia red de influencias. Desde estudios jurídicos, como el de Bofill Mir & Álvarez, Hinzpeter, Jana -uno de cuyos socios, Rodrigo Hinzpeter, es coordinador del comando presidencial de Sebastián Piñera-, hasta personeros de la Concertación como Enrique Correa -presidente de la consultora Imaginacción-; el ex ministro de Energía, Economía y Minería de Ricardo Lagos, Jorge Rodríguez Grossi -quien antes de ser ministro fue gerente de la termoeléctrica Guacolda, etc, etc.”
Como vemos la participación ciudadana es casi inexistente y todo se maneja en el Congreso donde se dictan leyes que en definitiva favorecen al sector empresarial. Los lobbystas son los que determinan que es “conveniente” para el país. Las organizaciones sociales, las organizaciones territoriales y la gente no son tomadas en cuenta.
Sin embargo debemos destacar la gran lucha que llevan adelante los grupos defensores de Aysén, por impedir la intervención de tres de sus ríos, que por la pureza de sus aguas son destacados en el mundo.
Debemos apoyar con más fuerzas a estos grupos que son un ejemplo de lucha, adelante, Aysén sin Represas.